sábado, diciembre 12, 2009

LANZAMIENTO DEL LIBRO EL MAR DE LOS POETAS

LANZAMIENTO DEL LIBRO EL MAR DE LOS POETAS.

El día sábado 14 de noviembre se realizó el lanzamiento oficial de la antología de poemas "El Mar de los Poetas", de Kawell Kelun Editores y Calíope Ediciones.
En la oportunidad pudimos dar a conocer este importante trabajo de recopilación y difusión a nivel internacional, donde participaron poetas de México, Zullete Andrade y Mario Jaime, Argentina, Gabriel Impaglione; Chile, Marcelo Valdés, María Francisca Rivera, Juan Pablo Núñez, Julio Silva, Michelle Valencia, todos de Santiago, y Raúl Ocaranza de Copiapó. También Mario Aguilar, chileno avecindado en Escocia.
Además presentaron los antologadores Fesal Chain y René Acevedo, quienes también participaron con sus textos en la Antología, proyecto que tuvo más de un año de duración, primero como blog recopilatorio y luego como edición poética, donde poco a poco se fueron plasmando y aunando las voluntades para dar a luz este hermoso libro.
Aquí las fotos de este gran evento ocurrido hace algunas semanas en el Pub Surdistán, en la comuna de La Florida, en Santiago de Chile.
Un abrazo y gracias a todos los que participaron.
René Acevedo, diciembre de 2009.


El poeta Marcelo Valdés, declamando sus textos.


Fesal y Chain y René Acevedo.

















René Acevedo mostrando orgulloso la antología junto a Fesal Chain.


















La mesa de los poetas Juan Pablo Núñez y Julio Silva, junto a sus amigos.

















Se la llevo el mar.

Mi ilusión se la llevó el mar

Las olas cantaron su nombre persistentes

Hasta que se adentró en sus mullidas sábanas

Eternos amores vendrían por ella

Adheridas a su piel como moluscos persistentes

Mi vida se quedó en ese mar

Vagando para siempre como alma en pena

Diseminado por la playa

Retratado en una y mil partículas de arena

Maloliente

como vertedero maldito evacuando sus heces en la hermosura del azul

Mi sueño se ancló en ese mar

Evaporándose,

Transmutado en pesadillas de medusas y cadenas

Que dejaron partir ese navío hacia los corales

Cantos de sirenas que jamás me dejaron regresar

Acompañan ahora mi mueca enrarecida

Ellas me cuentan sobre sus viajes

Pero sé que nada de eso es fidedigno

Sé que en el mar se quedaron mi vida, mi corazón y mis sueños

Y que jamás habrá otro puerto ni otra playa

Otra lancha u otro bote

Que me hagan reflotar y sentir la calma

La calma de esa brisa que me despertaba

Ese rocío salado que me saciaba entero

Ese mar y ese sol que iluminaron mi cielo

Esa luz que maravilló mis días

Ese faro que esclareció mis noches

Noches que desde hoy serán eternas

Como la oscuridad abisal de ese añil insondable

que se robó mi vida…


Texto de René Acevedo Mena, para la antología.
Algún día, de algún mes del 2009.


lunes, octubre 05, 2009

QUE POEMAS NUEVOS FUISTE A BUSCAR...GRANDE NEGRA QUERIDA!!

MERCEDES SOSA.











Ayer domingo 4 de octubre dejó de cantar para siempre en los escenarios Mercedes Sosa. Otros coros le acompañarán ahora
y sobretodo el coro de las miles de voces de toda latinoamércica, de todo el mundo.
Sosa, nacida en San Miguel de Tucumán (noroeste) en 1935, fue la cantante folclórica más reconocida y premiada de Argentina. Firme defensora de los derechos humanos, fue censurada por la dictadura militar argentina (1976-1983) y se exilió en Europa, donde prosiguió con su trabajo con grandes figuras iberoamericanas de la canción. Su último trabajo, "Cantora", con la participación de algunos de los más reconocidos cantantes de España y América Latina, se convirtió este año en un éxito de ventas en Argentina.
La "Negra", como se le conocía con gran cariño, arrastraba graves problemas de salud durante los últimos años y el pasado 18 de septiembre entró en el hospital. Estaba en coma desde el pasado jueves 1 de octubre y con respiración asistida. Su legado y su aporte a la canción latinoamericana son inconmensurables, tanto como su voz, su entrega, su lucha y su vida dedicada a la defensa del folclore, la música y el arte en todas sus expresiones y el mensaje profundo de todas esas formas que buscan sacar a flotar el arte y el sentir popular.
Sin duda se nos va hacia otros mares la Negra, pero las caracolas le acompañaran, como a Alfonsina Storni en una de sus más sentidas canciones de los autores Felix Luna y Ariel Ramírez.


Alfonsina y el Mar


Por la blanda que lame el mar
tu pequeña huella no vuelve más,
un sendero sólo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.

Un sendero sólo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó,
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto de las
caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
las caracolas.

Te vas, Alfonsina, con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma, y la está llevando,
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral,
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado,
y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma, nodriza, en paz,
y si llama él no le digas que estoy, dile que
Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas, Alfonsina...


René Acevedo, 5 de octubre de 2009.

miércoles, septiembre 23, 2009

ENTRADA A LA MADERA

Acá van estos versos de Neruda, a 36 años de su triste pero multiplicadora muerte. La primera vez que llegaron a mí y pude comprenderlos era sólo un adolescente de 14 años y quería ser como él, con más pelos sí y sin sombrero, con mucha más osadía y desvergonzura que la que acarreo ahora.
Han pasado 36 años desde que murío nuestro Pablo, entre bayonetas y bandos dictatoriales. No lo mataron con balas ni le cortaron las manos, no le arrancaron los ojos ni la lengua como a otros tantos que cayeron al mar, pero le amputaron el alma frente a su playa querida y eso ya fue suficiente para despedirse al viento.








ENTRADA A LA MADERA


Con mi razón apenas, con mis dedos,
con lentas aguas lentas inundadas,
caigo al imperio de los nomeolvides,
a una tenaz atmósfera de luto,
a una olvidada sala decaída,
a un racimo de tréboles amargos.

Caigo en la sombra, en medio
de destruidas cosas,
y miro arañas, y apaciento bosques
de secretas maderas inconclusas,
y ando entre húmedas fibras arrancadas
al vivo ser de substancia y silencio.

Dulce materia, oh rosa de alas secas,
en mi hundimiento tus pétalos
subo con pies pesados de roja fatiga,
y en tu catedral dura me arrodillo
golpeándome los labios con un ángel.

Es que soy yo ante tu color de mundo,
ante tus pálidas espadas muertas,
ante tus corazones reunidos,
ante tu silenciosa multitud.

Soy yo ante tu ola de olores muriendo,
envueltos en otoño y resistencia:
soy yo emprendiendo un viaje funerario
entre sus cicatrices amarillas:

soy yo con mis lamentos sin origen,
sin alimentos, desvelado, solo,
entrando oscurecidos corredores,
llegando a tu materia misteriosa.

Veo moverse tus corrientes secas,
veo crecer manos interrumpidas,
oigo tus vegetales oceánicos
crujir de noche y furia sacudidos,
y siento morir hojas hacia adentro,
incorporando materiales verdes
a tu inmovilidad desamparada.

Poros, vetas, círculos de dulzura,
peso, temperatura silenciosa,
flechas pegadas a tu alma caída,
seres dormidos en tu boca espesa,
polvo de dulce pulpa consumida,
ceniza llena de apagadas almas,
venid a mí, a mi sueño sin medida,
caed en mi alcoba en que la noche cae
y cae sin cesar como agua rota,
y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme,
a vuestros materiales sometidos,
a vuestras muertas palomas neutrales,
y hagamos fuego, y silencio, y sonido,
y ardamos, y callemos, y campanas.

Pablo Neruda, Residencia en la Tierra, Madrid, 1935.

lunes, septiembre 21, 2009

INTROITO CON “SUMO” COMO MUSICA DE FONDO

INTROITO CON “SUMO” COMO MUSICA DE FONDO

(Finde con una mujer en el crepúsculo de lo que pudo ser alguna vez algún amor).















Fuimos a encerrarnos en la pieza, quizás por última vez. Tú comentabas de la alfombra nueva, del velador, de lo costosa de la mudanza. Yo te miraba y te acariciaba un poco más las manos, después me quedé ensimismado con tu pelo; jugueteaba con tus prendedores y el tirante de la blusa. Nos quedamos mirando los libros de la repisa, repasando los títulos como si fuesen citas de algún antiguo y lejano testamento clerical. El espejo de la habitación nos devolvió la sonrisa expectante, multiplicó la cercanía de los cuerpos, se empañó un poco con la sensación de calor e ingravidez, como si palideciera o se sonrojara quizás por lo que pronto iba a presenciar.

Te llevaste el vaso a la boca y me lo ofreciste después, seguramente para asegurarte de tener el mismo sabor en la boca-beso que se aproximaba... (en algún momento hay una escena que falta, quizás la cinta o el dvd son los responsables)…, pero el punto es que el beso se hizo de nuevo entre tus labios, entre tus pechos y circundando tus pezones, les supliqué que me entregasen su néctar entre gemidos y traqueteos de la lluvia en la techumbre. Me entorpecí con la blusa que tú terminaste de sacar sobre mi cabeza, que en ese momento se dirigía a tu entrepierna húmeda; primero suplicante, luego soberano, con las manos estrechando tu cuerpo y acercándolo al placer de la reyerta.

Arranqué tus calzones ante la imposibilidad de hacerlos descender en la estrechez de la cama, esperando tu reprobación o alguna risita cómplice, pero sólo te limitaste a pilotarme con ambas manos como si se tratara de una operación de complicada cirugía, llevando al improvisado doctor por la senda correcta, señalizando el gusto, la profundidad y la secuencia apropiados.

Pronto encontramos el ritmo y la cadencia, la sincronización perfecta para el baile interminable, la escusa sublime de todos los poetas para describir los cráteres de la luna, de los pintores para ilustrarla, de los pianistas para un acalorado Nocturno de Chopin.

La lividez de nuestros cuerpos frente a la llama del gas, la intensidad y la furia de los embistes, fueron dibujando la coreografía aprendida por generaciones; desde los cuencos y el tambor, las pinturas de guerra y el tótem antropomórfico, transmitida por médicos brujos, ceremonias de iniciación y abuelos de cuentos picarescos, hasta las películas de Tinto Brass y los relatos de porno-shop.

La proyección de nuestras sombras, en el centelleo azul de la vela encendida a los pies de una repisa de madera, le dio un poco más de atmósfera al primer orgasmo; el aroma del incienso mezclado con las feromonas y algún perfume barato, nos invitó a continuar en la tarea acometida con júbilo y desenfreno, a pesar de que las fuerzas decayeran, intentando eternizar ese momento efímero que dura unas cuantas contorsiones entre quinientos siglos.

Los tres intentos fallidos por tumbarte al suelo en la siguiente expedición, me comunicaron que no querías ser mi temporal esclava en esta oportunidad ni darme tu espalda para embestirla cada vez más húmeda y acalorada, así que preferí dejar que siguieras dirigiéndome desde lo alto, señalando el camino como Amazona indómita, convirtiéndome en tu vasallo y portador de las buenas nuevas de tu regencia, frenéticamente iluminada para salir por fin de la confusión y las tinieblas.

Me quedé mirándote, galopando suave sobre mí, como si el mundo se hubiese detenido allá afuera, como si todos se hubiesen marchado a buscar naves espaciales para viajar a otro mundo cual se predecía en “Crónicas Marcianas”, con un Ray Bradbury anunciando que vendrían lluvias suaves, o tal vez sólo éramos el último hombre y la última mujer sobre la tierra, el último polvo y la última vida, sin las más puta intención de dejar algún legado o alguna pista, una carta o piedra roseta, algún libro, un poema, un árbol o un hijo desconocido.

Te tendiste luego sobre la cama, sonreíste, me regalaste un beso y encendiste tu cigarrillo. El humo cruzó sobre mi cabeza y se elevó hasta el techo. Cerré los ojos e imaginé que se dibujaba un corazón…


René Acevedo M., septiembre de 2009.


“No sé lo que quiero, pero lo quiero ya
si yo fuera tu esclavo te pediría más.
No sé lo que quiero, pero lo quiero ya,
si fuera tu esclavo te pediría más.”
Luca Prodan, Sumo, Lo Quiero Ya.


Pintura: "Amantes 35" Acrilico / Lienzo 60x70 cm.
Nicoletta Tomas Caravia, Madrid, España (autodidacta).


viernes, septiembre 11, 2009

73-2003

73 - 2003













Treinta años ha
treinta años
y sin embargo, los viejos
susurran los hechos cabizbajos
el temor duele más de un siglo
lo incendian las barricadas
a lo lejos
religiosamente rojas o amarillas
el humo
oscurece las últimas soledades

discursos llamarán tu nombre
nuevamente, Salvador
aquí en la tierra
como en el viento
el aire, el fuego, los metales
vislumbraremos la mueca
y los lamentos oportunistas
ahora franqueados por sus prebendas
y bolsillos con 30 monedas


las balas surcando, los rockets, los aeroplanos
el silbido del tiempo
desmoronando un sueño
mil pancartas
reivindicandolo, con furia, con fuerza, con alegría
rebeldes
señeras

tu ejemplo
se multiplicará en el tiempo
dibujando el alma de Balmaceda
de Rodriguez, de Recabarren

y tu sangre
desbordará las calles
permanecerá
dispuesta a sacudir esas anchas alamedas
prostituidas
y seguirá entibiando
el corazón de Chile
y mancillando eternum
el orgullo rancio de los generales
y su silencio espureo...



René Acevedo, sept. 2003. Hoy ya son 36 años.

martes, septiembre 08, 2009

¿Qué soñarán los muertos allá abajo?

¿Qué soñarán los muertos allá abajo?

















I

Que soñarán los muertos allá abajo?
Como reposarán tranquilos en suelos tan inquietos?
Muertos y bien muertos para que en paz descansen, dijo alguien.
Yo no lo creo. No se aburrirán de su eterna obscuridad?
Nos extrañarán desde el polvo y el cosmos?
Se condensarán en vapor de frío para visitarnos?

Que soñarán los ángeles allá arriba?
Se evaporarán sus sueños entre las nubes?
Sus ojos serán siempre un reflejo de luz?
No se aburrirán de su carácter permanente y universal?
Nos extrañarán desde la perfección y la constancia?
Se convertirán en lluvia para visitarnos sin asfixiarse?

¿Soñarán despiertos como nosotros
Ángeles y Muertos desde el Todo?
Estarán solos o juntos; tendrán identidad?
Escucharán otras músicas grandiosas?
Como fluirán entre árboles y pájaros;
desde los astros, las rocas, el mar y la tierra?
Como atravesarán el umbral?

Nos cruzaremos en ese espacio no real,
del mundo de los sueños o de los oráculos?
(la cuarta dimensión)
Como saber si nos han enviado algún decreto supremo?
Sabrán que todo es puro Evanescence?
Y no querrán flagelar ese anhelo misterioso
que nos mantiene vivos?

Ángeles de la esencia divina
Muertos en paz descansen
El día del juicio final nos veremos
Gracias por callar;
Y por mientras dejarnos soñar.



II

Nada somos
Nada sabemos
En el amor nada se es
Solo existe el “aquí y el ahora”
Y que somos efímeros e inconstantes.

“Solo se sabe como se come y como se bebe”
dice un viejo proverbio confuciano.
“Tampoco debemos preocuparnos mucho,
que nadie saldrá vivo de acá”
dijo alguien..

y sin embargo
Qué sería de una vida sin sueños?
Qué seríamos sin esa llama palpitante
En cualquier forma de existencia
Solo para seguir siendo...

Michelle Valencia.

Pintura:
"Justice and Divine Vengeance Pursuing Crime" (1808) by Pierre-Paul Prud`hon

Visita: http://www.poetasanonimos.cl

lunes, septiembre 07, 2009

CAPITULO 7, RAYUELA.

CAPITULO 7.









Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortazar, Rayuela.