sábado, diciembre 12, 2015

A LAS TRES DE LA TARDE.
A las tres de la tarde
Se me antojó tu boca
Me llegó tu aroma como de improviso
Olor a flores, mujer y fuego
Me envolvió un sonido
como de polvo y risas
Se afiebró mi tacto de coral y piedra
Y tu cantar estaba
vibrándome a gritos
Desordenada y débil
Vaporosa, pequeña y frágil
Sentí tus latidos, tu color de niña
Hembra y amorosa hada de mis cuentos
Fantasías de infante acalorado
Con ese rubor flameante en mis mejillas
Por pensar aquello que me prohibía el mundo
Insistente, nocturno y melancólico
Con el romanticismo mágico
De algún preludio al piano
Dibujé tu calor hecho pasión y beso
Lo atrapé en mis manos
Como caricia intensa
Como tu pelo obstinadamente rítmico
Como el vaivén marino
De tu pasear sereno
Caminado alocada sobre mi cuerpo azul
Sumergiéndonos en abrazos
cosquilleos y pausas
Silencios
Palabras inconclusas, continuadas
con tu boca hermanada en mi boca.
A las tres de la tarde
Se me enredó tu nombre
Me despojó angustiado
de mi pensar y mi calma
Me desligó del tiempo
Me secuestró del aire
Y ya no hubo más horas ni más sitios
Ni calles y gentes
Tumultos o parques
Solamente tu sonido,
tu color y tu alma.
Poema "A las tres de la tarde", René Acevedo, Poemas Adolescentes, Ediciones Gatojurel, 2015.
Recuerden, los esperamos este jueves 17 de diciembre a las 20 horas en el Café Brazil, en Cuming 562, a pasos del metro Cuming.

Imagen: La persistencia de la memoria, Salvador Dalí, 1931.

martes, diciembre 08, 2015

PROLOGO DE FESAL CHAIN A POEMAS ADOLESCENTES

PROLOGO A POEMAS ADOLESCENTES.
Estos poemas que hoy constituyen un libro, fueron escritos dispersos y en la adolescencia del autor, probablemente su gran mayoría a mediados de la década del ochenta en Chile, parte de nuestra historia que siempre me ha gustado nombrarla como una década enmarañada, es decir enredada, revuelta, confusa. La historia social y política, pero también lo que fueron nuestras vidas, nuestros cuerpos. Como dice el poeta: A las tres de la tarde/Se me enredó tu nombre/Me despojó angustiado/de mi pensar y mi calma. Porque fuimos eso, nervadura, tensión, pero también como todos los adolescentes de todos los tiempos y de todos los mundos, unos porfiados románticos, acaso, a fines del siglo XX, aún depositarios de aquel Neruda de Crepusculario: Ella es el amor,/Lo construyó conmigo/ Amasamos la roca, el pan, la arena.
Y sin embargo, a diferencia de las generaciones que nos antecedieron, por el mismo hecho de vivir en un período convulso, también fuimos rebeldes e iconoclastas, es decir que a la par que pertenecíamos a la tradición, fuimos capaces de destruir los monstruos sagrados que nos llenaban de polvo, que nos hacían demasiado rígidos, y sin saberlo, quebramos o al menos trizamos el vaso del idealismo estéril, que ya no tenía cabida: La música suena desde ninguna parte/Mientras yo espero/ Que comience la película / En mi primer y último / Rol estelar / De estúpido y amante. O: Todo el mundo corre/ Con el culo a cuatro manos / Cuando uno necesita ayuda / Y eso que no busco aval.
Y en esta mezcla enredada de confusión, nervadura y rebeldía, acaso la materia perfecta de nuestra identidad como jóvenes de los ochenta, pisando la década siguiente, siempre nos quedó lo que es consustancial al ser de Chile, a su alma, la viva nostalgia, esa del pasado que no conocimos, pero que añorábamos como si hubiésemos sido sus protagonistas, y la del futuro esplendor, que jamás llegó, al menos tal y cual lo deseábamos: Es fascinante mirar las fotografías/ El pedacito de alma que quedó en ellas/Cuesta creer que el tiempo pueda/ Congelarse así de pronto. O aquel verso fantástico: Te visitaré algún día/Cuando se me diluyan tus facciones/Y quiera recordarlas./Tal vez en el día de mi muerte/Toquen tres veces a tu puerta.
Celebro este libro, en él nada adolece realmente, están aquí, (con ripios o sin ellos, da lo mismo), todos los elementos que constituyen la poesía de una generación, y por cierto, las claves de la poesía que René desarrollara después, ya con la madurez que da la vida y su periplo.
Celebro dos veces este libro, porque además lo escribió no un mero autor para mí, o alguien que me haya encargado una especie de resumidero de alabanzas, sino un amigo, un amigo en la poesía, un amigo que me ha regalado siempre lo más bello de este arduo pero fascinante camino que hemos compartido, la persistencia una y otra vez en la palabra, la porfiada palabra.
Fesal Chaín
Valparaíso, Barrio Puerto,
Noviembre del 2015.
Los invitamos desde ya a todos el jueves 17 de diciembre de 2015 a las 20 horas, al Café Brazil, en Cumming 562, a pasos del metro Cumming, en Santiago Centro, al lanzamiento de mi libro Poemas Adolescentes y de los libros de Gatojurel Ediciones. Lo esperamos, espero puedan acompañarnos, un abrazo!!
Imagen portada: Miguel Acevedo Fonseca

martes, julio 24, 2012

Hasta siempre Miguel Arteche

A los 86 años muere Miguel Arteche, Premio Nacional de Literatura 1996.
El poeta llevaba diez años retirado de la vida literaria, aquejado de una enfermedad muscular. En 55 años de trabajo, publicó decenas de obras. Llevaba diez años sin publicar nuevos títulos por decisión propia: Tras la salida a la luz del poemario "Jardín de relojes", determinó que simplemente había llegado la hora de retirarse.
Una llama en la vida de Miguel Arteche se había apagado entonces, y otra terminó de extinguirse este domingo 22 de julio, cuando el poeta y Premio Nacional de Literatura 1996 murió a los 86 años a causa de una insuficiencia respiratoria, y tras varias temporadas aquejado de una compleja enfermedad muscular (arteritis temporal).


Biografía de MIGUEL ARTECHE SALINAS
(Por Andrés Morales)
Miguel Arteche Salinas, nace en Nueva Imperial (Cautín) el 4 de junio de 1926, hijo de Luis Osvaldo Salinas Adrián e Isabel Arteche Bahillo. Realiza sus estudios secundarios en el Liceo de Los Ángeles y en Instituto Nacional de Santiago. Cursa derecho en la Universidad de Chile (1945-1946), carrera que no finaliza, y literatura española en la Universidad de Madrid desde 1951 hasta 1953. Contrae matrimonio en la capital española en 1953 con Ximena Garcés con quien tiene siete hijos: Juan Miguel, Andrea, Rafael, Cristóbal, Isabel, Amparo e Ignacio.
Su infancia está marcada por la prematura muerte de su padre y la impronta imborrable de su tío sacerdote don Gonzalo Arteche Bahillo, quien posee una importante biblioteca donde el joven Arteche inicia sus primeras lecturas poéticas, claramente influenciado por la literatura española de los Siglos de Oro y, más tarde, por la poesía del grupo poético del 27. Es justamente bajo el influjo de una de las voces principales de esta generación, Luis Cernuda, en las vacaciones de 1943 en Quintero, cuando el poeta iniciará su andadura poética.
Su vida y su labor literaria pueden ser catalogadas como muy intensas: veintitrés libros de poesía, cuatro novelas, dos libros de cuentos, una gran cantidad de ensayos, antologías, traducciones, viajes, premios, cargos académicos y diplomáticos, etc. Igualmente, es indispensable señalar también que debe considerársele como un generoso formador de las nuevas promociones literarias chilenas.
En 1947, Miguel Arteche publica su primer volumen de poemas, La invitación al olvido, texto que debe situarse como uno de los más hermosos primeros libros de la poesía chilena. Marcadamente "cernudiano" –como el mismo autor lo ha reconocido- se trata de un poemario donde el sur de Chile, sus árboles, su paisaje, sus vientos, tienen un indiscutible protagonismo, pero, por sobre todas las cosas (y tal como lo señala el prologuista del libro, Eduardo Carranza) donde se alza la voz y la presencia de un poeta indispensable en la rica tradición de este género en el Chile del siglo veinte.
Desde la aparición de su primer libro, el poeta no cejará en la búsqueda de su estilo y en el constante oficio poético: año tras año irá publicando distintos libros de poemas que lo consolidarán como una de las voces más destacadas de la generación del 50. Oda fúnebre (1948), Una nube (1949), El sur dormido (1950) y Cantata del desterrado (1951) serán los volúmenes que antecedan su partida hacia Europa. Su estancia en España será, sin duda, fundamental. Su contacto con las raíces de sus padres y con el mundo intelectual de la época lo estimularán a profundizar sus búsquedas escriturales. Estudios de Literatura en la Universidad de Madrid, asistencia a congresos poéticos (I y II congresos internacionales de poesía de Segovia, en 1952 y Salamanca, en 1953), viajes por España, Francia, Bélgica, Italia y el norte de África, la edición de su libro Solitario mira hacia la ausencia en Madrid, a la par de su matrimonio con Ximena Garcés, harán de esta experiencia en el viejo mundo algo que el poeta fraguará intensamente en su notable y extenso poema Otro continente.
 Su regreso a Chile está marcado por una incansable labor literaria. Su obra ya es reconocida ampliamente por la crítica y es incluido en diversas antologías poéticas chilenas y extranjeras. Desde 1951 ha sido un asiduo colaborador del diario "El Mercurio" y a su vuelta, publicará una gran cantidad de artículos, notas y críticas en ese mismo periódico y en otros como "Las Últimas Noticias" y "El Diario Ilustrado" o en revistas como "Finis Terrae", "Atenea" y "Ercilla". Por esos años es también cuando se desempeña como secretario del rector de la Universidad de Chile don Juan Gómez Millas (1954) y como jefe de la biblioteca y archivo del diario "El Mercurio" (desde 1954 hasta 1964). Al igual que en España, Arteche asiste a importantes eventos literarios como los ya históricos Primer Encuentro de Escritores Chilenos de 1959 y Primer Encuentro de Escritores Americanos de 1960, organizados en Concepción, Chile. Su producción poética no merma en absoluto: a Otro continente (1957) le seguirán Quince poemas (1961), el extraordinario Destierros y tinieblas (1963) y el volumen antológico (que reúne las tres obras anteriores) De la ausencia a la noche (1965).
En 1963, junto al recordado profesor y filósofo, Luis Oyarzún, es llamado, como miembro de número, a la Academia Chilena de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. Su discurso incluye un homenaje a Eduardo Barrios (a quien sucede luego de su fallecimiento), y versa sobre el arte y el oficio poéticos ejemplificados en algunos poetas muy queridos para Arteche: Federico García Lorca, Dylan Thomas, Jacques Prévert y Saint-John Perse, entre otros.
1964 será el año que marque su comienzo en la publicación de obras como narrador (un aspecto poco explorado por los exégetas artecheanos y que merece una revisión acabada). La otra orilla (20) será una novela que también recibirá una calurosa acogida por la crítica y a la que sucederán otras igual de importantes en la producción de Miguel Arteche, El Cristo hueco de 1969, La disparatada vida de Félix Palissa de 1971, finalista en el "Premio Biblioteca Breve" de la prestigiosa editorial española Seix Barral y El alfil negro de 1992), como también diversos volúmenes de cuentos (24).
Paralelamente a su escritura poética y de ficción narrativa, Arteche reflexiona permanentemente sobre la poesía, el oficio de escribir, sus extraordinarias concomitancias y hasta sobre la condición y el destino del Nuevo Continente. Ensayos como Notas para la vieja y la nueva poesía chilena o La extrañeza de ser Americano fundarán en su obra una corriente constante de diversas indagaciones sobre temas literarios, culturales y hasta sociales que ha continuado hasta el día de hoy.
En 1965, bajo el gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, el poeta es nombrado Agregado Cultural en la Embajada de Chile en Madrid. El regreso a España intensificará sus lazos con la mejor poesía peninsular y con los complejos problemas que, bajo el régimen dictatorial de Francisco Franco, aquejaban a España. Su residencia en Madrid se prolongará hasta el año 1970 siendo incrementadas notablemente sus actividades literarias y culturales con innumerables conferencias y lecturas en distintas ciudades españolas, como también con la publicación de dos importantes volúmenes de poesía: la antología Resta poética  (1966) y la colección de poemas religiosos Para un tiempo breve (1970).
Finalizada su misión en España, Arteche es nombrado agregado cultural en Honduras donde permanece hasta 1971, complementando su actividad diplomática con la académica como profesor visitante de la Universidad de Honduras. Otra vez en Chile, sus actividades se vuelcan hacia los medios de comunicación escritos, ejerciendo diversos cargos en importantes revistas nacionales como "Ercilla", "Qué Pasa", "Mampato", "Hoy" y otras. Su regreso al país es celebrado por Editorial Universitaria que publica (con prólogo y selección de Hugo Montes) su Antología de veinte años (1972), interesante recopilación que reúne lo mejor de su producción poética editada más un número considerable de poemas inéditos. Los acontecimientos históricos de Chile no serán ajenos al poeta, quien desde diversas tribunas se alzará como una notable voz disidente al régimen de Pinochet. Tal vez debido a esto, sus libros dejarán de editarse con la frecuencia acostumbrada y su obra será marginada de cualquier mención oficial. Arteche ejercerá una irónica crítica a los problemas de la sociedad chilena e integrará toda clase de proyectos y agrupaciones que posibilitarán el regreso de la democracia al país. Es también en estos años cuando funda diversos talleres de poesía que consiguen forjar un segmento de libertad para el intercambio y difusión de obras literarias y de ideas (Taller "Altazor" de la Biblioteca Nacional y "Taller Nueve de Poesía", tal vez los primeros espacios de libre circulación en el Chile de esa época). En lo que respecta a su creación poética, narrativa y ensayística, Arteche continúa su trabajo incansablemente, sólo que casi en una suerte de ostracismo (voluntario e involuntario). Aún así, aparecerán algunos volúmenes de prosa y verso, entre ellos, el libro de poemas Noches, la ya mencionada novela La disparatada vida de Félix Palissa (1975) y el conjunto de cuentos Mapas del otro mundo (1977).
El 5 de diciembre de 1980, en el Teatro de la Universidad Católica de Chile, en Santiago, se estrena, con música del compositor Wilfried Junge (y en el marco del "XI Congreso Eucarístico, Chile 80") la Cantata del Pan y la Sangre , texto estremecedor que representa un momento importante de la poesía religiosa artecheana. En 1986, el bellísimo libro Llaves para la poesía (texto elaborado para los niños como una forma de aproximación al género lírico a través de las obras de Gabriela Mistral y Pablo Neruda), recibe un importante reconocimiento del IBBY (International Board on Books for Young People), al incluirlo en su lista de honor entre 35 libros seleccionados de todo el mundo. Con el regreso al país de la democracia, Miguel Arteche puede reeditar sus libros ya agotados y, lentamente, empieza a publicar sus más recientes obras. De tal forma, en 1994 aparece un nuevo libro de poemas, Fénix de madrugada y, en 1995 y 1996, respectivamente, se presentan otras ediciones de sus poemarios Destierros y tinieblas y Noches.
En Buenos Aires es editada su Tercera Antología (selección de su obra poética) y en 1992 es becado por la Fundación Andes en su Programa de Becas para Escritores.
Entre 1990 y 1991, Miguel Arteche se desempeña como subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, actividad que complementa con su trabajo académico como profesor de redacción de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica de Chile (1983-1993). En 1995, recibe uno de los mayores galardones para aquellos autores que hayan publicado un libro en el año anterior: el Premio de poesía del Consejo Nacional del Libro y la Lectura por el volumen Fénix de madrugada.
1996 será el año en que el poeta reciba el Premio Nacional de Literatura, distinciónque, según la mayoría de la comunidad intelectual, merece ya desde hace años.Un día antes de la importante noticia, Arteche ha presentado su más recientepoemario, Poemas para nietos y también ha recogido en una nueva selecciónde poemas su Antología cuarta. Entre las diversas razones argumentadas por el jurado para premiar al poeta, se señala: "(...) la continuidad y el rigor estético yético con que se ha dedicado a la elaboración de su obra y a la formación de nuevos autores (...)". Un galardón que parecía ser esquivo a Arteche, pero que finalmente vino con justicia a premiar una de las obras más profundas de la mejor parte de la poesía chilena escrita en el siglo veinte.

POEMAS

ÚLTIMA PRIMAVERA

La luz bajaba desde la colina.
El sonido de un tren, un paso que he perdido.
Juventud, herida de otro tiempo,
te alejas soñolienta como una verde lámpara sepultada en la noche...
Algo silencioso estaba junto a mí.
La lluvia penetraba los techos perfumados.
Juventud, perdiste tu campana antigua, tu yelmo mágico, tu vara transparente.
Ésta es mi habitación.
Ésta tu llama.
Éste el vestido.
Ésta tu cintura.
"Tu nombre", dijiste, "se ha perdido en la sombra.
Búscalo más allá, detrás de las colinas".
Era yo el que cantaba.
Nadie ha de saciar nuestro encuentro perdido.
Me perdí en el bosque.
Partiste a los canales.
La luz bajaba desde la colina.


COMIENZO

El jardín se ha posado en mi jardín.
Toda su galaxia resplandece a medianoche.
Los árboles destellan, las flores fulgen.
Tiene el césped una tersura de nimbo.
Bajan los Transparentes y de sus cuerpos surgen peldaños de escala.
Los Radiantes me llaman con sus cristales.
Mis años descienden en el cáliz de un instante.
Los Centelleantes me han rodeado y me tienden sus ojos de oro.
El amor es una paloma de fuego que elevan.
Por fin llegaron.

DAMA

Esta dama sin cara ni camisa,
alta de cuello, suave de cintura,
tiene todo el temblor de la hermosura
que el tiempo oculta y el amor desliza.
Esta dama que viene de la brisa
y el rango lleva de su propia altura,
tiene ese no sé qué de la ternura
de una dama sin fin, bella y precisa.
Aunque esta dama nunca duerma en cama
parece dama sin que sea dama
y domina desnuda el mundo entero.
Esta dama perdona y no perdona.
Y para eso luce una corona
esta dama que reina en el tablero.

lunes, septiembre 26, 2011

Cada día una nueva premisa



Cada día una nueva premisa...

Cada día proponernos ser felices
sentir como una sonrisa es parte de nuestro semblante
y lo tonifica
sentir que es posible el sueño que se nos viene repitiendo en la memoria
por el solo hecho de querer logralos
cada nuevo día una premisa
cada nuevo día una esperanza

Saber que nos amamos
en el solo acto de mirarnos a los ojos...


René Acevedo, 26 de sept. de 2011.

jueves, febrero 17, 2011

GUSTAVO ADOLFO BECQUER


Un 17 de febrero nace
Gustavo Adolfo Bécquer.

Originario de Sevilla, España, Bécquer nació el 17 de febrero de 1836 siendo su padre un célebre pintor del costumbrismo sevillano quien dejó huérfano a Adolfo a los cinco años; comenzó sus primeros estudios en el colegio de San Antonio Abad, para luego pasar a tomar la carrera náutica en el colegio de San Telmo. A los nueve años quedó huérfano también de madre y salió del anterior colegio para ser acogido por su madrina de bautismo. A la edad de diecisiete años dejó a su madrina y a la buena posición que ésta le proporcionaba para viajar a Madrid en busca de fortuna a través del campo de las letras que se le daba con facilidad. Como es conocido, no era fácil subsistir de la literatura y paradójicamente, Bécquer que deseaba encontrar fortuna lo que abundó fueron escaseces, por lo que se vio obligado a servir de escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su habilidad para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero fue motivo de que fuera cesado al ser sorprendido por el Director haciendo dibujos de escenas de Shakespeare. De este modo volvió Gustavo a vivir de sus artículos literarios que eran entonces de poca demanda por lo que alternó esta actividad con la elaboración de pinturas al fresco. Tiempo después encontró una plaza en la redacción de "El Contemporáneo" y fue entonces que escribió la mayoría de sus leyendas y las "Cartas desde mi celda". En 1862 llegó a vivir con Bécquer su hermano Valeriano, célebre en Sevilla por su producción pictórica pero no por eso más afortunado que Gustavo, y juntos vivieron al día uno traduciendo novelas o escribiendo artículos y el otro dibujando y pintando por destajo; mucho les costó a los hermanos salir adelante de su infortunio y con el tiempo lograron juntos una modesta estabilidad que les permitía a uno retratar por obsequio y al otro escribir una oda por entusiasmo. Como legado para la literatura del mundo, Gustavo Adolfo Bécquer dejó sus "Rimas" a través de las cuales deja ver lo melancólico y atormentado de su vida; en el género de las leyendas escribió la célebre "Maese Pérez el Organista", "Los ojos verdes", "Las hojas secas" y "La rosa de pasión" entre varias otras. Escribió esbozos y ensayos como "La mujer de piedra", "La noche de difuntos", "Un Drama" y "El aderezo de esmeraldas" entre una variedad similar a la de sus leyendas. Hizo descripciones de "La basílica de Santa Leocadia", el "Solar de la Casa del Cid" y el "Enterramiento de Garcilaso de la Vega", entre otras. Por último, dentro del costumbrismo o folklor español escribió "Los dos Compadres", "Las jugadoras", la "Semana Santa en Toledo", "El café de Fornos" y otras más. En septiembre de 1870 dejó de existir Valeriano, duro golpe para Gustavo, que pronto enfermó sin ningún síntoma preciso, de pulmonía que se convirtió luego en hepatitis para tornarse en una pericarditis que pronto había terminar su vida el 22 de diciembre de ese mismo año.


RIMA LXI.

[Melodía.
Es muy triste morir joven, y no contar
con una sola lágrima de mujer]

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?

Gustavo Adolfo Bécquer



martes, agosto 24, 2010

LANZAMIENTO DE LIBROS DE MIGUEL EDWARDS ROSAS Y KAWELL KELUN EDITORES

EN SEPTIEMBRE EL BICENTENARIO SE LLENA DE POESIA.

LANZAMIENTO DE LOS LIBROS DE MIGUEL EDWARDS ROSAS, "ANTOLOGIA DE LA LOCURA" (2ª EDICION) Y "BREVE RESEÑA DE MI LOCURA".

NOTA: MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS QUE ASISTIERON AL LANZAMIENTO DE LOS LIBROS DE MIGUEL EDWARDS.
EL EVENTO DEL VIERNES 10 DE SEPT. SE SUSPENDE HASTA NUEVO AVISO, DE ANTEMANO GRACIAS POR SU COMPRENSION.
















Estimados Amigos:


Los días viernes 3 de septiembre de 2010 a las 20.30 horas realizaremos el Lanzamiento de los libros "Antología de la Locura" y "Breve Reseña de mi Locura", de Miguel Edwards Rosas, publicados por Kawell Kelun Editores. Este evento tendrá lugar en el Bar Chancho 6, ubicado en Huérfanos 3085, comuna de Santiago Centro, a pasos de Metro Quinta Normal.

Posteriormente, el dia viernes 10 de septiembre de 2010, realizaremos un segundo lanzamiento en el Colectivo Cultural Mapocho, en la calle Gral. Mackena 1038, 3º piso depto M, también a las 20.30 hrs.

"Antología de la Locura" es la segunda edición de una recopilación de trabajos de artistas del Hospital Siquiátrico Salvador de Valparaíso, trabajo arduamente ejecutado y felizmente llevado a término por Miguel Edwards en 1994, en una primera edición, a pesar de convertirse en una empresa unipersonal y con el único aporte de los propios internos del Hospital a través de sus trabajos y participaciones y de algunos enfermeros del mismo recinto. Esta vez, este trabajo ve la luz nuevamente, ahora con la colaboración de Kawell Kelun Editores, bajo la supervisión de Fesal Chain y René Acevedo, encargados de esta editorial autogestionada.

Por su parte, "Breve Reseña de mi Locura" (1ª edición, 2010) es un libro sumamente intimista de Miguel Edwards, que mezcla ensayo, prosa, poesía y artefactos, dando por resultado un Manifiesto Psico-Revolucionario.

Los invitamos a conocer y leer este valioso trabajo y participar de sus próximas presentaciones en Santiago y muy pronto también en Valparaíso.


Recuerden, 3 y 9 de septiembre a las 20.30 horas. Entrada Liberada.

viernes, agosto 06, 2010

BREVE RESEÑA DE MI LOCURA

Prólogo del libro "Breve Reseña de mi Locura", de Miguel Edwards Rosas, Kawell Kelun Editores, junio de 2010.

Después de la segunda edición de su libro "Antología de la Locura", Miguel Edwards Rosas nos sorprende con su "Breve Reseña de mi Locura", que resulta en cierta forma una continuación de este anterior libro, en el entendido de que a partir de esta recopilación MER está en posesión ahora de una "Teoría de la Locura" que justifica sus tropelías poéticas y artísticas en general.

Este loco "Dada, Surrealista y discípulo de Osho", como el mismo se define, nos entrega en esta recopilación de poemas y apuntes sueltos de su pseudo diario personal, las claves para entender su artepoética, su mundo literario y su manera de entender el arte y por supuesto la vida. A veces parece un niño balbuceante, a veces un gran filósofo, en otras nos parece recordar que la locura es efectivamente una manera de comunicarse con Dios. El poeta es, después de todo, un médico brujo, un medium, un puente entre lo terrenal y lo espiritual y en esa perspectiva, MER nos hace sentir que efectivamente por medio de su poesía estamos acercándonos a grandes revelaciones.

Por contrapartida nos da con la puerta en las narices diciéndonos que, como en el tango, la vida es una porquería y la dictadura social, de la cual todos somos parte, es la gran camisa de fuerzas que oprime al mundo creativo no solo de los "locos" sino de los "cuerdos", esos seres "racionales" que actúan con compostura ante los estímulos del entorno, guardando los sentimientos y las lágrimas para las películas de vermouth y mascullando entre dientes lo que quisieran decirle a gritos a todo el resto. Edwards, parafraseando a Nietzsche, Pound, Parra y al propio Artaud, nos dice que es: "un ermitaño extravagante", nos cuenta que "yo soy como los astronautas: me alimento de pastillas", y esas pastillas son ciertamente las hostias con que día a día hacen comulgar a los locos con la dictadura social de los "cuerdos", tal como nos lo presenta visualmente Eliseo Subiela en su "Hombre mirando al Sudeste".

Edwards es un Rantés, un discípulo de otros mundos, otros estados de conciencia, que nos viene a liberar de las dictaduras de la razón y del sano juicio. Su arma principal son sus poemas, sus artefactos, sus notas de diario, a ratos muy naif, otras burdo y cotidiano; a veces con una profundidad que nos cala los huesos como si la parca desfilara frente a nuestras narices blandiendo su guadaña. Su arma es un grito desgarrador que no quisiéramos escuchar, pero que zumba y zumba en nuestros oídos y hay que detenerse a darle crédito.

En estas páginas, muy bien ilustradas por Juan Lea Plaza Edwards (su sobrino), Miguel nos regala una caja de pandora que podremos desenmarañar con no menor dificultad, donde se nos deparan sorpresas, arrebatos de ira, odio e irónicas risas, pero sobretodo en sus textos podremos encontrar intentos de respuesta a muchas interrogantes eternas del ser humano las cuales, como una matrioska infinita, nos llevarán de nuevo a las mismas y eternas preguntas, así como también a transitar la minúscula línea entre la locura y la razón. Espero esta vez le perdamos el miedo a caer hacia un lado o el otro, pensando si se está o no en el lugar "correcto"; aquí lo fundamental es, quizás, "estar" en alguno de ellos y no sólo deambular por el espacio infinito, después de todo "La naturaleza le tiene horror al vacío"...

Los dejo enfrentados a este desafío de encarar estos miedos y locuras más allá de sus definiciones enciclopédicas doEnde, generalmente, todos somos Edipo, Electra o alguna figura Post-Freudiana...

René Acevedo, Kawell Kelun Editores, junio de 2010.


Me suicidaría por ti

Para caer en tu cielo

De amor, sexo, llanto y risa

(Del Poema "Madre" de Miguel Edwards Rosas).





ANTOLOGIA DE LA LOCURA, DE MIGUEL EDWARDS

ANTOLOGIA DE LA LOCURA, DE MIGUEL EDWARDS.






En los próximos días saldrá a la venta la 2º edición de un libro ya mítico entre los porteños y en muchos circulos underground del gran Santiago, hablamos de la Antología de la Locura, de Miguel Edwards Rosas, poeta nacido en Santiago, pero criado y formado en sus primeras artes en Valparaíso. Les dejamos para su deleite el prologo de esta Antología, editada por Kawell Kelun Editores y que esperamos pronto puedan tener el privilegio de leer.


Prólogo.

La tarea emprendida en esta “Antología de la Locura” realizada por el poeta Miguel Edwards Rosas, es a la vez titánica y desoladora. En ella un grupo de internos del Hospital Psiquiátrico Salvador de Valparaíso, nos comunican sus sufrimientos, genialidades y en especial sus grandes actos de amor y creatividad

Por sus páginas se puede percibir la desesperanza, el olvido, la tristeza, y sobretodo la soledad inenarrable de personas que comparten su confinamiento, pero también su pasión por la poesía y el arte.

Saben que su “tratamiento” es complejo a decir lo menos, que su “diagnóstico” es estigmatizador y que su “recuperación” es incierta. Sin embargo, quizás su mejor terapia está acá en las letras, como un refugio espiritual, como una manera de transmitirle al mundo sus visiones más esenciales. Es también su desahogo, un sahumerio para ahuyentar a los fantasmas.

Los locos son los parias, los olvidados de este mundo, o mejor dicho, aquellos a quienes se prefiere no ver. Los locos ya no son los médicos brujos de la antigüedad, ni los magos ni los genios, pero si a eso le agregamos la condición de pobreza y abandono de los aquí retratados, tenemos un resultado de total olvido y discriminación.

Como nos dice Michel Foucault: En el medio del sereno mundo de la enfermedad mental, el hombre moderno no comunica más con el loco: hay por un lado el hombre de la razón que delega hacia la locura al médico, no autorizando así más relación que a través de la universalidad abstracta de la enfermedad; por el otro el hombre de la locura que no comunica con el otro más que por intermedio de una razón totalmente abstracta, que es orden, compulsión física y moral, presión anónima del grupo, exigencia de conformidad. No hay lenguaje común; o mejor dicho no hay más; la constitución de la locura como enfermedad mental a fin del siglo XVIII, supone la constatación de un diálogo roto, da a la separación como ya admitida, y hunde en el olvido todas esas palabras imperfectas, sin sintaxis fija, un poco balbuciantes, en las cuáles se efectuaba el intercambio entre la locura y la razón. El lenguaje de la psiquiatría, que es monólogo de la razón sobre la locura, no ha podido establecerse más que sobre tal silencio.

Podríamos argumentar a partir de esto que los locos son alejados de su sitial místico a partir del endiosamiento de la “cordura” y pasan en definitiva a ser tratados como enfermos, luego domesticados y finalmente condenados por los “otros” (los cuerdos) a la dictadura de la razón, dictadura mediante la cual hacer valer sus privilegios, dejando en extinción a los médicos brujos o gurús de antaño, en especial si contravienen severamente el establishment. Algunos de los prisioneros de este nuevo orden, rescatados por Miguel Edwards, son precisamente los artistas que podemos encontrar en las líneas de esta antología.

En los versos plasmados aquí tenemos el grito y la amenaza de Danilo Pantescu Zapata, que es finalmente una súplica para ser escuchado: Este no es lugar para mí, de lo contrario volveré a matar a golpes, o simplemente con un grito, y un grito mío es terrible.

Por su parte Ximena Rivera le dedica sus versos a una hija que tal vez ya no quiere recordarla o que ha invertido los papeles cuidándola en su desgracia: Yo sueño volver a la tranquilidad/ sin Arcángeles furiosos/ y sin el tiempo que hace daño,/ya se me pasará nanita/ y seré entonces la misma de siempre/ la de todos los días.

Fredy Zeballos nos plantea un nuevo cosmos, un nuevo génesis en sus textos de Hijo del Infinito. -La vida como un estado de organización, la inteligencia como un estado de conciencia existieron antes del principio y del tiempo en la forma de “El-Ohim-Ruh” la energía original /- El tiempo tuvo principio como el Universo que navega en las aguas del tiempo cuando éstas se sequen el Universo desaparecerá como tal.

Ignacio Briceño Palma, autor de las brillantes ilustraciones de esta antología, nos emociona con sus versos, llenos de una luz melancólica y sobrecogedora: El Trapecista. Da la vuelta sentimiento/ una vuelta entera /hasta entrar en tu propio girar. /Ha caído el trapecista/ y en la arena quedó su cabeza sin vida/ ha muerto el acróbata/ el circo está de duelo /…”la función debe continuar”…

Miguel Edwards construye a través de este caleidoscopio, más de grises que de colores, una mirada cercana a la realidad de los pasillos del Hospital Psiquiátrico de El Salvador, algunas de sus realidades, de sus alucinaciones que nos acercan hasta el otro lado del límite que divide locura y cordura, esa delgada línea que tanto le gusta transitar, cual obsesivo trapecista literario.

Finalmente, junto a ellos, y sólo por mencionar algunos de los muchos interesantes textos de este libro, un enfermero del hospital narra la historia de uno de sus internos en el relato “Iorana”, acerca de un desterrado de la Isla de Pascua. Sumado a esto, el sicólogo y poeta Alejandro Pérez nos detalla algunos pormenores de su propia estadía al otro lado del espejo en su relato “La Silla”, del cual les dejamos acá un breve botón de muestra, para que comiencen a adentrarse en esta lectura y puedan deleitarse obviando aquí, momentáneamente al menos, las reglas del “sano juicio”:

Babel eterna entre tú y yo, que no nos distinguimos del origen, encerrados. El laberinto es real. Lo soñé. Otro que sueña ahora. Las olas me arrastran. Navegaciones. Habitaciones. Tentaciones. Inmersiones, emociones, agresiones, maldiciones, intoxicaciones, defunciones. Entre tú y yo: saldremos de esas tumbas y sembraremos nuevamente la vida. Aspiraciones, negociaciones, invenciones, negaciones. Entre todos podríamos acabar con el mundo. Cuando era niño, vi correr la sangre.

René Acevedo y Fesal Chain, Kawell Kelun Editores, junio de 2010.